lunes, 21 de noviembre de 2011

Educación pública... Si eres capaz, claro.

Hace ya poco más de un año, servidora decidió que la filología inglesa (un sitio donde, sorprendentemente, nadie sabe inglés) no era lo suyo. Y, por casualidad, se enteró de que la Universidad de Sevilla inauguraba un grado de Estudios de Asia Oriental. ¡Albricias! ¡Milagro! ¡Allá que voy!

Pues bien, no sabía yo lo que me esperaba. Bueno, para qué engañarnos, sí lo sabía. Una vez que estás dentro, la Universidad te muestra su verdadera cara, esa que te hace levantar una ceja hasta la raíz del pelo y decir... "¿En serio?" Esa que saca nuestro lado más escéptico y/o violento. Probablemente ambos, les gusta provocar hasta que empiezas a buscar en Google cómo fabricar bombas caseras. No hay resultados satisfactorios, creedme, lo he intentado.

Como iba diciendo, la Universidad te saca esa faceta de "que te has creído que va a ser tan fácil" cuando te llega el momento de informarte. A partir de ese momento, la frase "¿estudios de qué?" se va a hacer de lo más presente en tu vida diaria. Nadie, absolutamente nadie va a saber nada sobre nada. Ni en sueños. Llega un momento en el que piensas que te has inventado eso del grado, que en realidad no existe un grado de Estudios de Asia Oriental; pero obstinado (u obstinada) como eres, sigues erre que erre. ¡Bien! Tras una semana, tienes una leve idea de lo que tienes que hacer, ¡aleluya! Ahora a esperar un par de mesecitos a que lo haga todo el mundo, ni pensar que porque estés matriculado tienes preferencia. No señor, eres un pringado como cualquier otro.

Los meses pasan, casi te olvidas, y llega el día en que tienes que volver a hacer la preinscripción. ¿Cómo va esto? ¿Esto qué leches es? ¿Dónde se hacía esto otro? Lo fácil que se olvida una de cómo usar la dichosa paginita... Bueno, tras diez o veinte intentos te vas a que lo haga otro por ti, que siempre es más fácil. El ordenador se cuelga, pero bueno, al parecer ya esté hecho, sólo queda esperar. Este es otro de esos momentos "que te lo has creído". El ordenador se ha colgado en el momento de mandarte la confirmación y los documentos que tienes que presentar. El día de las adjudicaciones ¡sorpresa!, te faltan documentos. Cola de dos horas y media para saber simplemente qué tienes que entregar y para que te insinúen que eres un idiota y un mentiroso. Al día siguiente, tres horas y cuarto de cola para entregar esos documentos que ya entregaste un año antes. ¡Pero bueno! ¡Ahora sí que sí!

Que noooo. Que es broma. Anda ya, van a ponértelo todo tan sencillo... Que luego tienes que hacer la automatrícula. Y entregarla. Eso sí que es interesante, entregarla. Buscas el sitio al que tienes que ir, que parece no estar en los mapas, cosa que empieza a darte mala espina. Cuando te enteras, vas al sitio en cuestión, te acercas a conserjería para preguntar. Te dan indicaciones: "arriba, el despacho de la derecha". Sí. Muy divertido. ¿Cuál de los veinte despachos de la derecha? Entras en uno, por probar, un chico joven te mira esperando tu pregunta. "¿Para entregar la matrícula del grado de Asia Oriental?" Mirada de puro horror. No exagero. Ahí ya intuyes que ese chico no tiene ni idea, y se te pasa por la cabeza un pensamiento inquietante... '¿Dónde cojones me estoy metiendo?' Sí, es normal pensar eso. Tras un par de despachos más, unos cuantos "¿estudios de qué?" más, encuentras el despacho en el que tienes que entregar los papeles. Oh, dios mío. Aleluya. Lo entregas todo, sales feliz, te sientes realizado... Hasta que recuerdas que más tarde tendrás que entregar los papeles de la beca. Pero eres optimista, ya sabes dónde es, ya sabes a quién se los tienes que entregar, será fácil. Craso error.

Cuando al fin se publica la beca, cuando rellenas todo, cuando imprimes los papeles... Es agosto. Bueno, se supone que deberían trabajar, así que... A entregar papeles, se ha dicho. Ah, iluso... De eso nada. Los horarios no significan nada para seres como los funcionarios. Llegas allí, subes, y la puerta del despacho está cerrada, no hay nadie en los alrededores... Bueno, mala suerte, habrá que ir otro día... Al día siguiente es lo mismo. Y al otro. Hasta que finalmente un alma caritativa se compadece de ti y, después de informarte de que esa persona que debería estar ahí para recoger tus papeles no planea estarlo pronto; te asegura que entregará tu beca cuando dicha persona vuelva. No le das dos besos porque respetas el espacio personal.

Sales de ese sitio con una sensación de triunfo sin precedentes, eres feliz, has entregado todo. Ahora sí que sí, has derrotado a la Universidad. Yo creo que hacen las cosas así para que entre quien realmente quiere, es su método de selección natural para que los más débiles se queden por el camino. No sé si luego se los comerán, pero no me extrañaría... Los precios de la cafetería son demasiado económicos.

1 comentario:

  1. ya no es sólo para que entren los que de verdad quieren, es para que si a alguien se le olvida algo... ¡QUE PAGUE MÁS! Porque obviamente todo lo que no esté subvencionado / becado / contribuidoporalguienquenoseastú te lo cobrán... y si pueden pedirte un poco más... pues...

    Y sí, es pública de nombre... el resto sólo se diferencia de una privada en que en la privada tendrías que pagar 8 veces más (lo que cuesta asegurarte un 10 en la nota,porque te aprueban casi por la cara).

    En fin... así están las cosas, y así nos hemos quejado

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